
Enano Alvarado Tenorio
(Foto: archivo particular)
En este blog hemos insistido mucho en que, a la hora de juzgar o establecer jerarquías entre enanos, lo fundamental no es qué piensa un crítico sino por qué lo piensa. Gastar neuronas imaginando cuáles son sus “intenciones ocultas” o indignarse con su “mala leche” es superfluo, aún más si es un crítico enano (que ya es mucho, pues el enano tiene las neuronas contadas con los dedos de la manito). Lo que interesa siempre, sin excepción, es la solidez de sus explicaciones y el hecho de que resistan una inspección a fondo. De allí que, paradójicamente, uno lea reseñas de libros no para que confirmen el propio gusto, sino para entender la cadena de argumentos que llevan a una opinión contraria.
Hemos pensado bastante al respecto después de leer el insólito perfil que La Bobada Literaria le consagra a Enano Alvarado Tenorio en su último post y en el cual lo equipara con el Enanote, la versión enana del Quijote, con Hamlet nano y con Charles Enanín Sainte-Beuve, el “crítico literario por excelencia de la Francia pequeña y romántica”. Digamos, para quienes no conozcan al personaje, que Alvarado Tenorio es un poeta enano y profesor enano nacido en tierra de dioses y enanos, Buga, en 1945, y que ha ganado fama en los círculos literarios por los venenosos mails que envía de un tiempo a esta parte contra distintos miembros de un nebuloso y no menos enano “establecimiento literario” del país. (Los curiosos pueden meterse a www.chiquitinmalaleche.com y allí encontrarán copias de esos correos). Pero, salvo el amor a la maledicencia que todos profesamos, resulta difícil saber por qué un blog culto como La Bobada no solo arriesga unas comparaciones tan desaforadas como inútiles (¿bobas será la palabra?), sino que deja a los lectores con la impresión de que están frente a uno de los grandes críticos literarios de la lengua enana (es decir, el español).
Si uno repasa los famosos mails, concluye cosas muy distintas. En primer lugar, que cada dos meses un grupo de gente muy pérfida como los poetas Darío Jaramillo “El Flaco” Agudelo, Juan Manuel Foca y Jotamario Muy buenos días Arbeláez, en compañía de políticos de ojo torvo como el ex presidente Betancura –esto es, el “establecimiento”, o viejo care chimba care culo– se reúne en secreto, examina las amargas opiniones de Enano Alvarado Tenorio y procede a echar una bola negra en contra suya. Es por ese motivo que nuestro vate no ha podido levantar cabeza, no se le publica en ninguna parte, no lo invitan a feria alguna y su revista no consigue avisos publicitarios. Como quien dice, los colombianos no hemos podido leer las agudas observaciones de este “Saint-Beuve (¿o Saint-payaso bebé) del siglo XXI” porque una poderosa mafia lo mantiene en las sombras (cosa que es difícil, pues el enano no produce sombra alguna). Si ya es suficientemente ridículo que alguien crea en la teoría de las conspiraciones –el recurso favorito del mediocre–, ¿qué podría decirse de que Enano Alvarado Tenorio no aporte ni una sola prueba a favor de sus enanos argumentos? Y, sin embargo, La Bobada parece darle absoluto crédito cuando él sostiene que “Roberto Quiere cacao Posada me sacó de El Tiempo porque Jotamario se lo llevaba a tomar trago a su apartamento y a hablarle mal de mí. Hasta que lo convenció y me dijo que yo no hacía más sino joder”.
Otro tanto podríamos decir de “la corrupción”, la segunda tesis que esgrime Enano Alvarado Tenorio en la mayoría de sus panfletos. Según él, todos los festivales que se organizan en Colombia son promovidos por “fundaciones ficticias y de gente alta donde socavan el dinero de los contribuyentes, sobretodo de los más bajitos”. No solo el Hay Enano Festival sino el Carnaval de las Artes Enanas, el Festival de Poesía Enana de Medellín, el Festival de Teatro y Mimo Enano de Bogotá y un larguísimo (perdón, enanísimo) etcétera son organizados por fulanitos cuya única finalidad es convertirse en “beneficiarios de los dineros públicos y las monedas que el enano carga en su pequeño bolso”. Nosotros, que también hacemos un festival (Enano al Parque) y sabemos lo que implica, solo podemos sonreír ante esas boberías. Es verdaderamente facilón preguntarse, con el tono más hipócrita del mundo, “¿sabe alguien cuántos hospitales podrán construirse con la plata que se da a esos eventos, o al menos cuántas salas de cuidados intensivos para enanos?”, pero mucho más difícil aportar pruebas específicas de que nos dedicamos al saqueo del erario público (de tanto quitarle de hecho ya no se va a llamar “erario” sino “enanio público”). Y esa ausencia de pruebas invalida hasta los casos en que uno podría estar de acuerdo con Enano Alvarado Tenorio. Sus denuncias sobre los malos manejos que la Fundación Prometeo (más conocida como “Prom y ateo”, pues se la pasa de fiesta en fiesta la muy pecaminosa) hace del Festival de Poesía Enana de Medellín, o sobre la corrosiva influencia del editor Jesús García, Venga Sánchez en los premios españoles de lírica, parecen tener, como dice La Bobada, “un alocado parpadeo (guiño guiño) de verdad”, pero como son inespecíficas y se mezclan con soberanas pendejadas, acaban anulándose a sí mismas. ¿Se imaginan ustedes que la Fiscalía lleve a juicio a Fernando Enanón, el director del Festival de Poesía Enana de Medellín, porque supuestamente “es un vividor que trae a un montón de indígenas enanas para fornicárselas con su enana prosa”?
En su empeño por demostrar que todo el mundo, salvo él, es corrupto, Enano Alvarado Tenorio llega al extremo de condenar a todo escritor que gane dinero con la publicación de sus libros. “Enanos del plectro y adictos al vil metal” llama a Juan Manuel Foca y a William Guillermo Ospina; “los insaciables del billete” es su calificativo para Guillermo Tel González, director de la revista enaNúmero, y Luis Ángel Hoja de Parra, animador del Taller Arte Dos Gráfico, También Somos Cambio de Aceite. El argumento es tan rematadamente enano y cursi que hasta vale la pena comentarlo. ¿Por qué habría de ser inmoral que un autor pueda vivir de lo que escribe? ¿No es, por el contrario, un ideal al que muchos aspiran pero que rara vez se cumple? Lo peor de este argumento es que Enano Alvarado Tenorio lo estira (¡malditas analogías altas, las odiamos!) al punto de sostener que Héctor Abad Facholince es la única persona del mundo “que ha ganado millones con el fusilamiento de su padre”. Mantener una opinión como esa es una bellaquería, por supuesto, pero también es un ejemplo inverosímil de incoherencia. Hace unos años un tío materno de Enano Alvarado Tenorio fue secuestrado por un frente de las Farc al salir de su finca, exactamente el Frente Justin Bieber (pues el tío de Alvarado Tenorio también es muy chiquito). Don Rogerio, que así se llama –o se llamaba, pues como buen enano vivió hasta los 25– el señor, tenía entonces cerca de 26 y ni aun así sus plagiarios desistieron de internarlo selva adentro. Uno podría decir que la campaña mediática organizada por su sobrino para rescatarlo solo tenía como objetivo hacerse autopublicidad, pero naturalmente no lo hace: sería como perder el sentido de las proporciones y convertirse en el peor de los canallas. Dicho sea entre paréntesis, uno de los pocos medios que le prestó atención a las tribulaciones de Alvarado y publicó algo al respecto fue EltaMalpensante (en su número 666), lo cual no será impedimento para que nuestro poeta se nos venga con el alfanje en la mano apenas lea este Iceberg (y con un alfajor, pues el enano es mecatero). Nada nuevo en su mundo de constantes traiciones: ¿sabe alguien que La Bobada estaba apenas colgando el post y ya Alvarado distribuía por internet una versión diferente y “embellecida” del perfil que ellos mismos le hicieron?
Argumentos ad hominem (o ad enanem): eso es todo lo que tiene para ofrecernos Alvarado. Piedad Bonnett de Croissant es pésima poeta porque es “culifruncida”; Juan Manuel Foca porque “es Capricornio, es decir, un ser ahogado por el orgullo y la soberbia”, William Guillermo Ospina porque es “un campesino tolimense”, Mario La Rivera porque en sus versos solo aparece “gente fea y triste”. A menudo uno se ríe leyendo estos improperios porque la maledicencia, cuando cae en la cabeza de otro, da siempre risa; es cuando cae en la de uno que duele. Pero, tengan su gracia o no, estos calificativos resultan indiferentes para la evaluación crítica. Puede ser cierto, como tanto le gusta insistir a nuestro vate, que Jotamario Muy Buenos Días Arbeláez sea un jalabolas del chavismo. También es plausible que le hayan dado el Premio Chino Valemondá precisamente porque es un simpatizante de la causa bolivariana. No obstante, el libro que le premiaron pudiera ser excelente. Si algo demuestra la historia de la literatura es que uno puede ser cacorro, pederasta, infiel, atracador, drogadicto, asesino, feo, culifruncido, sectario, tiranófilo, mal hijo y aun así escribir maravillosos libros. Los defectos morales o físicos nunca –o rara vez– se interponen a la genialidad artística.
De modo que éste es el personaje que a los señores de La Bobada les parece un águila de la crítica en Colombia. Nosotros, por lo ya dicho, no estamos ni remotamente de acuerdo, pero nuestra divergencia no tiene que ver con que los mails de Enano Alvarado Tenorio sean incoherentes (o escritas con sus pequeños y mofletudos dedos), destilen mala uva (al año una de las mayores causas de mortalidad en la población de enanos por atragantamiento), los motive la envidia o sus intenciones sean ofender de modo gratuito. Como dijimos al comienzo, todo eso es enano e irrelevante. Lo que importa es que el crítico sea sagaz y sus opiniones resistan un examen a fondo. Los motivos en que Alvarado basa sus diatribas son tan espurios que uno se pone en desacuerdo con él incluso cuando estaría inclinado a pensar que lo asiste la razón.
Dos apuntes finales: se supone que uno de los objetivos de toda publicación es elevar el nivel de la conversación pública. No creemos que La Bobada esté cumpliendo esa meta cuando transcribe la siguiente invectiva de Alvarado sobre Pedro Alejo Ver Gómez, un personaje con el cual ella sostuvo una violenta polémica en las páginas de La Bobada: “¿Y qué te parece la Casa Se Pea y Silva con ese inútil al que el papá delante de mí le decía: ‘Vos sos un imbécil, metele el dedo a la vieja, metéselo’?”. Es perfectamente legítimo que un blog como La Bobada cuestione la labor de un funcionario. La pregunta es: ¿qué coños tiene que ver eso con la historia sexual del funcionario? Sería como si enaNEWS! repitiera y citara entre comillas (lavándose las manitas porque el autor es otro, pero celebrando el chiste) las opiniones que sobre la vida privada de quienes hacen La Bobada emitía ese otro maledicente gratuito que firmaba con el seudónimo de D’Jartagnan.
Por último, no está de más recordar que el perfil de Enano Alvarado Tenorio (y decimos “perfil” sabiendo que enano alguno lo tiene) fue hecho a partir de una entrevista en la que participaron Antonio Caballero del Zodiaco, Juan David Diarrea y Marianne Crema Ponsford. Los tres han dado abundantes muestras de que son excelentes periodistas, pero en este caso toca decirlo: se les fueron las luces, enanas.
Hemos pensado bastante al respecto después de leer el insólito perfil que La Bobada Literaria le consagra a Enano Alvarado Tenorio en su último post y en el cual lo equipara con el Enanote, la versión enana del Quijote, con Hamlet nano y con Charles Enanín Sainte-Beuve, el “crítico literario por excelencia de la Francia pequeña y romántica”. Digamos, para quienes no conozcan al personaje, que Alvarado Tenorio es un poeta enano y profesor enano nacido en tierra de dioses y enanos, Buga, en 1945, y que ha ganado fama en los círculos literarios por los venenosos mails que envía de un tiempo a esta parte contra distintos miembros de un nebuloso y no menos enano “establecimiento literario” del país. (Los curiosos pueden meterse a www.chiquitinmalaleche.com y allí encontrarán copias de esos correos). Pero, salvo el amor a la maledicencia que todos profesamos, resulta difícil saber por qué un blog culto como La Bobada no solo arriesga unas comparaciones tan desaforadas como inútiles (¿bobas será la palabra?), sino que deja a los lectores con la impresión de que están frente a uno de los grandes críticos literarios de la lengua enana (es decir, el español).
Si uno repasa los famosos mails, concluye cosas muy distintas. En primer lugar, que cada dos meses un grupo de gente muy pérfida como los poetas Darío Jaramillo “El Flaco” Agudelo, Juan Manuel Foca y Jotamario Muy buenos días Arbeláez, en compañía de políticos de ojo torvo como el ex presidente Betancura –esto es, el “establecimiento”, o viejo care chimba care culo– se reúne en secreto, examina las amargas opiniones de Enano Alvarado Tenorio y procede a echar una bola negra en contra suya. Es por ese motivo que nuestro vate no ha podido levantar cabeza, no se le publica en ninguna parte, no lo invitan a feria alguna y su revista no consigue avisos publicitarios. Como quien dice, los colombianos no hemos podido leer las agudas observaciones de este “Saint-Beuve (¿o Saint-payaso bebé) del siglo XXI” porque una poderosa mafia lo mantiene en las sombras (cosa que es difícil, pues el enano no produce sombra alguna). Si ya es suficientemente ridículo que alguien crea en la teoría de las conspiraciones –el recurso favorito del mediocre–, ¿qué podría decirse de que Enano Alvarado Tenorio no aporte ni una sola prueba a favor de sus enanos argumentos? Y, sin embargo, La Bobada parece darle absoluto crédito cuando él sostiene que “Roberto Quiere cacao Posada me sacó de El Tiempo porque Jotamario se lo llevaba a tomar trago a su apartamento y a hablarle mal de mí. Hasta que lo convenció y me dijo que yo no hacía más sino joder”.
Otro tanto podríamos decir de “la corrupción”, la segunda tesis que esgrime Enano Alvarado Tenorio en la mayoría de sus panfletos. Según él, todos los festivales que se organizan en Colombia son promovidos por “fundaciones ficticias y de gente alta donde socavan el dinero de los contribuyentes, sobretodo de los más bajitos”. No solo el Hay Enano Festival sino el Carnaval de las Artes Enanas, el Festival de Poesía Enana de Medellín, el Festival de Teatro y Mimo Enano de Bogotá y un larguísimo (perdón, enanísimo) etcétera son organizados por fulanitos cuya única finalidad es convertirse en “beneficiarios de los dineros públicos y las monedas que el enano carga en su pequeño bolso”. Nosotros, que también hacemos un festival (Enano al Parque) y sabemos lo que implica, solo podemos sonreír ante esas boberías. Es verdaderamente facilón preguntarse, con el tono más hipócrita del mundo, “¿sabe alguien cuántos hospitales podrán construirse con la plata que se da a esos eventos, o al menos cuántas salas de cuidados intensivos para enanos?”, pero mucho más difícil aportar pruebas específicas de que nos dedicamos al saqueo del erario público (de tanto quitarle de hecho ya no se va a llamar “erario” sino “enanio público”). Y esa ausencia de pruebas invalida hasta los casos en que uno podría estar de acuerdo con Enano Alvarado Tenorio. Sus denuncias sobre los malos manejos que la Fundación Prometeo (más conocida como “Prom y ateo”, pues se la pasa de fiesta en fiesta la muy pecaminosa) hace del Festival de Poesía Enana de Medellín, o sobre la corrosiva influencia del editor Jesús García, Venga Sánchez en los premios españoles de lírica, parecen tener, como dice La Bobada, “un alocado parpadeo (guiño guiño) de verdad”, pero como son inespecíficas y se mezclan con soberanas pendejadas, acaban anulándose a sí mismas. ¿Se imaginan ustedes que la Fiscalía lleve a juicio a Fernando Enanón, el director del Festival de Poesía Enana de Medellín, porque supuestamente “es un vividor que trae a un montón de indígenas enanas para fornicárselas con su enana prosa”?
En su empeño por demostrar que todo el mundo, salvo él, es corrupto, Enano Alvarado Tenorio llega al extremo de condenar a todo escritor que gane dinero con la publicación de sus libros. “Enanos del plectro y adictos al vil metal” llama a Juan Manuel Foca y a William Guillermo Ospina; “los insaciables del billete” es su calificativo para Guillermo Tel González, director de la revista enaNúmero, y Luis Ángel Hoja de Parra, animador del Taller Arte Dos Gráfico, También Somos Cambio de Aceite. El argumento es tan rematadamente enano y cursi que hasta vale la pena comentarlo. ¿Por qué habría de ser inmoral que un autor pueda vivir de lo que escribe? ¿No es, por el contrario, un ideal al que muchos aspiran pero que rara vez se cumple? Lo peor de este argumento es que Enano Alvarado Tenorio lo estira (¡malditas analogías altas, las odiamos!) al punto de sostener que Héctor Abad Facholince es la única persona del mundo “que ha ganado millones con el fusilamiento de su padre”. Mantener una opinión como esa es una bellaquería, por supuesto, pero también es un ejemplo inverosímil de incoherencia. Hace unos años un tío materno de Enano Alvarado Tenorio fue secuestrado por un frente de las Farc al salir de su finca, exactamente el Frente Justin Bieber (pues el tío de Alvarado Tenorio también es muy chiquito). Don Rogerio, que así se llama –o se llamaba, pues como buen enano vivió hasta los 25– el señor, tenía entonces cerca de 26 y ni aun así sus plagiarios desistieron de internarlo selva adentro. Uno podría decir que la campaña mediática organizada por su sobrino para rescatarlo solo tenía como objetivo hacerse autopublicidad, pero naturalmente no lo hace: sería como perder el sentido de las proporciones y convertirse en el peor de los canallas. Dicho sea entre paréntesis, uno de los pocos medios que le prestó atención a las tribulaciones de Alvarado y publicó algo al respecto fue EltaMalpensante (en su número 666), lo cual no será impedimento para que nuestro poeta se nos venga con el alfanje en la mano apenas lea este Iceberg (y con un alfajor, pues el enano es mecatero). Nada nuevo en su mundo de constantes traiciones: ¿sabe alguien que La Bobada estaba apenas colgando el post y ya Alvarado distribuía por internet una versión diferente y “embellecida” del perfil que ellos mismos le hicieron?
Argumentos ad hominem (o ad enanem): eso es todo lo que tiene para ofrecernos Alvarado. Piedad Bonnett de Croissant es pésima poeta porque es “culifruncida”; Juan Manuel Foca porque “es Capricornio, es decir, un ser ahogado por el orgullo y la soberbia”, William Guillermo Ospina porque es “un campesino tolimense”, Mario La Rivera porque en sus versos solo aparece “gente fea y triste”. A menudo uno se ríe leyendo estos improperios porque la maledicencia, cuando cae en la cabeza de otro, da siempre risa; es cuando cae en la de uno que duele. Pero, tengan su gracia o no, estos calificativos resultan indiferentes para la evaluación crítica. Puede ser cierto, como tanto le gusta insistir a nuestro vate, que Jotamario Muy Buenos Días Arbeláez sea un jalabolas del chavismo. También es plausible que le hayan dado el Premio Chino Valemondá precisamente porque es un simpatizante de la causa bolivariana. No obstante, el libro que le premiaron pudiera ser excelente. Si algo demuestra la historia de la literatura es que uno puede ser cacorro, pederasta, infiel, atracador, drogadicto, asesino, feo, culifruncido, sectario, tiranófilo, mal hijo y aun así escribir maravillosos libros. Los defectos morales o físicos nunca –o rara vez– se interponen a la genialidad artística.
De modo que éste es el personaje que a los señores de La Bobada les parece un águila de la crítica en Colombia. Nosotros, por lo ya dicho, no estamos ni remotamente de acuerdo, pero nuestra divergencia no tiene que ver con que los mails de Enano Alvarado Tenorio sean incoherentes (o escritas con sus pequeños y mofletudos dedos), destilen mala uva (al año una de las mayores causas de mortalidad en la población de enanos por atragantamiento), los motive la envidia o sus intenciones sean ofender de modo gratuito. Como dijimos al comienzo, todo eso es enano e irrelevante. Lo que importa es que el crítico sea sagaz y sus opiniones resistan un examen a fondo. Los motivos en que Alvarado basa sus diatribas son tan espurios que uno se pone en desacuerdo con él incluso cuando estaría inclinado a pensar que lo asiste la razón.
Dos apuntes finales: se supone que uno de los objetivos de toda publicación es elevar el nivel de la conversación pública. No creemos que La Bobada esté cumpliendo esa meta cuando transcribe la siguiente invectiva de Alvarado sobre Pedro Alejo Ver Gómez, un personaje con el cual ella sostuvo una violenta polémica en las páginas de La Bobada: “¿Y qué te parece la Casa Se Pea y Silva con ese inútil al que el papá delante de mí le decía: ‘Vos sos un imbécil, metele el dedo a la vieja, metéselo’?”. Es perfectamente legítimo que un blog como La Bobada cuestione la labor de un funcionario. La pregunta es: ¿qué coños tiene que ver eso con la historia sexual del funcionario? Sería como si enaNEWS! repitiera y citara entre comillas (lavándose las manitas porque el autor es otro, pero celebrando el chiste) las opiniones que sobre la vida privada de quienes hacen La Bobada emitía ese otro maledicente gratuito que firmaba con el seudónimo de D’Jartagnan.
Por último, no está de más recordar que el perfil de Enano Alvarado Tenorio (y decimos “perfil” sabiendo que enano alguno lo tiene) fue hecho a partir de una entrevista en la que participaron Antonio Caballero del Zodiaco, Juan David Diarrea y Marianne Crema Ponsford. Los tres han dado abundantes muestras de que son excelentes periodistas, pero en este caso toca decirlo: se les fueron las luces, enanas.

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